
Una respuesta demasiado simple
Una mujer mayor, sentada en un sillón frente a una cortina roja y negra. Tras ella, un cartel: “El final de la película”. Otra mujer, más joven, vestida con vaqueros y camiseta, le entrega un sobre.
—Gracias Brigitte. Bien, no es nada especial. Trata de ser amable con la gente, evita comer grasa, lee un buen libro de vez en cuando, camina un poco, y trata de vivir en paz y armonía con gente de todos los credos y naciones.
Y así se acaba “El Sentido de la Vida”, de los Monthy Python.
¿Con eso ya vale?
Mirar debajo de la piedra
Quizá, por hacerle caso a Sócrates y su “… una vida sin examen no merece ser vivida”, démosle alguna vuelta al tema, como un niño curioso que levanta una piedra.
Los Cuatro Inmutables de Irvin Yalom postulan las cuatro preocupaciones existenciales básicas del ser humano: la muerte, la libertad, el aislamiento… y la carencia de sentido vital.
¿Por qué estamos aquí? ¿Podemos encontrarle algún propósito a la vida?
La trampa de buscar sentido
Hay veces que la propia formulación de la pregunta esconde palabras trampa: encontrar. Como si el sentido vital estuviera enterrado en una isla, escrito en un sobre, detrás de alguna cascada. Pasa lo mismo con la felicidad, o con el amor; cuanto más ansías atraparlo, más esquivo resulta.
Antonio Gala decía que el amor llamaría a su puerta: él lo que quería era serenidad. Pasa con el amor y pasa con la felicidad.
Existimos antes de tener un sentido
¿Pero de veras nacemos con un vacío existencial a cuestas?
Jean-Paul Sartre opinaba que sí, y que es la mejor noticia que podrías recibir. Dice el existencialismo que “la existencia, el hecho de estar vivo, precede a la esencia”. Esto significa que no nacemos con una esencia definida, sino que la construimos nosotros mismos. O mejor, la co-construimos con todos los condicionantes con los que cada ser humano tiene que lidiar (genéticos, económicos, sociales,…).
La angustia, según Sartre, no es una emoción negativa. Es el mayor reconocimiento de que somos responsables de nuestras decisiones, y, por tanto, capaces de darle significado a nuestra existencia.
El sentido no se da: se crea
La vida es un proyecto, y el sentido de la vida no nos viene dado; se debe crear.
Nietzsche va más allá: «Aquel que tiene un porqué para vivir se puede enfrentar a todos los cómo». Si uno cuenta con un sentido vital, las tribulaciones de la vida de pronto resultan más… manejables.
Pero hablando de cómos: ¿cómo le doy sentido a mi vida? O mejor dicho: ¿cómo creo una vida con sentido? Aunque más bien es la vida misma la que nos pregunta a nosotros: “¿qué sentido le vas a dar a este momento concreto?”
No hay epifanías, hay camino
La respuesta no pasa por pulsar un botón y que te den un sobre; por desgracia, no somos los Monthy Python. No es simple, no aparece como una epifanía y se queda grabado en piedra.
Si la vida es un proyecto, uno debe estar cincelando su sentido hasta el final. Solum in mortem finiat officium: sólo en la muerte termina el deber.
Sentido como subproducto de vivir
La creación de ese sentido quizá viene con cuentagotas, como un subproducto de lo que vamos haciendo, de las decisiones que tomamos, de nuestras acciones. Como el amor, se presenta solo, llama a tu puerta, te eriza de repente el vello de la nuca.
Las señales serán diferentes para cada uno; como decía Picasso, mejor si la inspiración te pilla trabajando, o en este caso, prestando atención.
Al fin y al cabo, se trata de construir, así que habrá que ir poniendo ladrillo sobre ladrillo.
¿Qué encaja contigo?
Puede que los buenos paseos den sentido a tu vida, o los cafés, o cocinar para alguien, o amar con inteligencia y de forma plena (según Erich Fromm), o leer un buen libro, o pasar consulta y encontrarte con un gesto de agradecimiento, o cambiarle la vida a un estudiante por ser una inspiración, o cuidar de tus hijos, o aprender algo nuevo, o…
Hacer con autenticidad
El caso no es buscar, sino hacer. Volviendo a Sartre: hacer con buena fe, hacer con autenticidad. Tú vas haciendo las cosas bien, y de pronto el sentido de la vida viene solo.
Gracias Brigitte. ¿Ves? No es nada especial.
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