
El silencio como maestro
“Una mente confundida se pierde la lección de la experiencia.”
– Bhagavad Gita
El primer día en un retiro de meditación es extraño.
El silencio, que todo lo cubre y que se esconde entre las piedras, alza el vuelo y te mira de frente. Aquí está el rey. No podrás hablar durante los próximos días. Tampoco leer, escribir, escuchar música, mirar el móvil.
Despertarás para meditar, comerás en silencio, a bordo del silencio, con el silencio encima como una manta térmica, y meditarás hasta la noche.
Reaccionar o responder
¿Para qué? Para afilar la mente.
¿Por qué estás aquí? Porque te notas reaccionar, y crees que preferirías responder.
La técnica es sencilla e increíblemente compleja a la vez: vas a aprender Vipassana, que consiste, principalmente, en observar. En pali, el idioma en el que están escritos muchos textos budistas, Vipassana se traduce como “ver las cosas como son”. Prestar atención a la realidad tal y como es.
Tres formas de sabiduría
En pāli, sabiduría se dice paññā, y se distinguen tres tipos.
Sutā-maya-paññā es la sabiduría adquirida escuchando a los demás.
Cintā-mayā-paññā es la que uno desarrolla mediante la comprensión intelectual; leyendo y estudiando.
La última es Bhāvanā-mayā-paññā: la sabiduría que resulta de la experiencia personal. La que has vivido, la que aprendes experimentando.
La impermanencia como ley natural
La base del Vipassana es la noción experimentada de que todo lo que existe surge y desaparece. La regla básica de la naturaleza sería, por tanto, la impermanencia.
Esa es la verdad última, y es la conclusión a la que supuestamente llegó el Buda, meditando bajo el famoso árbol, a sus treinta y cinco años. Fue consciente de esta ley natural porque la experimentó él mismo, en su propio cuerpo.
Sentir sin resolver
Cuando uno se da cuenta de esto, las emociones comienzan a verse de manera distinta. El dolor que siento tiene exactamente la misma característica vital que el placer: se va a terminar. No dura. Se irá.
Y qué bonito, entonces, dejarse sentir y no añadirle siempre un juicio a cada emoción.
Sientes incomodidad. Bien. ¿Dónde? ¿Cómo es? ¿Se mueve? ¿Por qué partes de tu cuerpo? Se irá. No hay nada que resolver. La incomodidad no es un problema, sino una brújula.
Sientes ira. La ira es una manifestación impermanente en tu conciencia: un píxel en un televisor inmenso. Un parpadeo, y ya está. Si te muestras ecuánime con ella, ella misma se disuelve.
La ecuanimidad como práctica
Una mente ecuánime no se pierde la lección de la experiencia. Por eso estás en silencio, por eso meditas.
Lo que sientes quiere decirte algo; deja que hable, y atiende al mensaje que lleva implícito.
Si no te apegas, si no es la emoción la que te tiene a ti, entonces ella misma se irá, y así podrás dar el siguiente paso.
Se hace camino al andar
No toda emoción necesita solución.
Algunas solo necesitan espacio, presencia y atención.
Se hace camino al andar, ¿no?
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