narrativas del trauma

Soy débil, soy culpable.

El ser humano necesita narrarse y lo hace con bastante soltura desde muy temprano.

De hecho, está en nuestro material genético: el gen FOXP2 es responsable del desarrollo del lenguaje y la narrativa. Le otorgamos significado a nuestras experiencias cuando nos las contamos. Nos obsesionan las historias, nos cambian la vida.

Las narrativas de líderes sociales o espirituales han podido mover a millones de personas hacia objetivos determinados, por ejemplo.

Cuando un niño intenta entender el mundo

¿Qué pasa cuando somos niños y tenemos que contarnos a nosotros mismos lo que significan las cosas?

Si no hay un adulto funcional que nos vaya traduciendo la realidad y su funcionamiento… ¿qué herramientas tenemos nosotros, que somos mínimos, que acabamos de nacer?

El relato del trauma

Si somos víctimas de negligencia, abuso, desprotección o maltrato, la historia que nos contamos para explicarnos lo ocurrido será definitiva para instalar síntomas corporales, carencias cognitivas, vacíos emocionales, problemas conductuales e infelicidad para el resto de nuestras vidas.

“Soy débil, soy culpable, me merezco este maltrato” es un ejemplo de lo que nos decimos. Esta frase la escribió Kafka en uno de sus diarios.

Un genio, una persona dulce: así se contaba su historia. Nadie está a salvo de sus narrativas tempranas.

Necesitamos explicarnos lo que vivimos

Dice Noah Harari que la cooperación social es nuestra clave para la supervivencia y la reproducción; necesitamos vincularnos para sobrevivir y tener la mayor cantidad de datos sobre los otros.

No podemos vivir sin tener que explicárnoslo todo, y para un niño, asumir que hay cosas, emociones, fenómenos que parecen inexplicables, que son un misterio, que son contradictorias, es imposible.

Un niño necesita una respuesta. Le da igual que esté cargada de fantasía.

Dime qué te cuentas y te diré qué has vivido

Así pues: dime qué me cuentas y te diré qué has vivido, cómo son tus relaciones vinculares, cómo hiciste para salvar a tus figuras de apego, y qué te produce el sufrimiento actual que padeces.

Reescribir la historia en terapia

Sabiendo esto, podemos actuar. Todas nuestras estrategias terapéuticas deberían orientarse hacia la co-creación, junto con nuestros pacientes, de una realidad en la que puedan desarrollar por sí mismos un nivel de confianza que les permita actuar.

Que les permita pensar que se merecen las metas que se proponen, que se sientan libres de usar sus recursos, de ser quienes son.

Decía Milton Erickson: tú sabes algo que no sabes que sabes. Tan pronto descubras eso que ya sabes, sin saber que lo sabes, podrás empezar a cambiar.

¿Qué hacemos entonces? 

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